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miércoles, 10 de junio de 2009

LA VERDAD DESDE LA SUBJETIVIDAD

El siguiente texto es un ensayo de una muy prometedora alumna de Comunicación. Misma que vivenció un proceso experimental al tratar de abordar el agobiante tema de la verdad desde una muy tangible subjetividad tratando de evitar que los parámetros y formatos de la clase limitaran su muy acertado proceso. He aquí la publicación del resultado de su trabajo como parte del reconocimiento a su esfuerzo.


LA VERDAD DESDE LA SUBJETIVIDAD
(Sánchez Ruiz, Ana Jimena - 2009)

Cada uno de nosotros tenemos una verdad, aquella que se sustenta en lo que creemos acerca de la vida, el amor, los demás, nuestro entorno natural, el pequeño círculo social en el que nos desenvolvemos, nuestros deseos, pasiones, talentos, lo que vemos, olemos, oímos, decimos, lo que nos reservamos, lo que nos genera infinidad de ideas, lo que queremos construir, lo que compartimos, lo que nos hace ser nosotros mismos.
Cuando hablamos de “verdad” existe el problema de querer encontrar algo que sea válido para todo el mundo, una verdad universal. Pensamos que todos deberían acompañarnos en nuestra lucha por la injusticia y por lograr que en este país no haya tanta pobreza, o queremos creer que la música desborda la mente de todos y que coincidimos en que la mujer tiene todo el derecho a desarrollar una vida profesional, pero no es así, porque, inevitablemente, cada persona percibe diferente y tiene una interpretación distinta de un mismo fenómeno. Por otro lado, también caemos en la tentación de querer decir que todo lo que existe es una verdad completamente relativa y eso también sería incorrecto, porque dentro de ciertos grupos, religiones y culturas hay aspectos que tienen el mismo significado y que indudablemente se entienden igual por todos. Acostarse con la esposa de otro es incorrecto, desnudarse enfrente de todo el mundo es inapropiado.
Los pragmatistas de la filosofía afirman que, a pesar de que no exista una verdad ni absoluta ni relativa, puede existir una ética universal. Una forma de actuar que sea clara para todos y no perjudique a nadie, que respete la libertad y que al mismo tiempo concientice acerca de las consecuencias que existen en el uso de la misma.
Un importante filósofo, Davidson, nos dice que la verdad es la correspondencia con cómo son las cosas, y que, la independencia que existe entre la creencia y la verdad depende únicamente de la posibilidad de que cada una de nuestras creencias pueda ser falsa. Todo lo que creemos, en un principio, es verdadero, porque cada quien tiene completa autoridad frente a sus sensaciones y creencias, pero es cierto que se necesita también de un proceso de racionalización en el que encontremos una conexión de esta creencia con la realidad. Mientras cada persona, cada grupo o cultura pueda justificar sus creencias y valores, serán verdades completamente válidas.
Propone la coherencia como criterio para la verdad. Un conjunto lógico que nos dé razones para creer que muchas de nuestras creencias son verdaderas. Yo creo firmemente en que, para lograr un mundo mejor, hay que mirar a los demás, hay que considerar en todas nuestras acciones el hecho de no afectar a nadie, dar a los otros lo que nos gustaría que nos dieran. Hay que hacer todo por convicción propia, reventarse los sesos hasta expulsar todo eso que nos da vueltas en la cabeza, explotar la creatividad, las ganas de modificar algo, el deseo de expresar. Sólo así empezamos a construir algo nuevo. Hay que discernir entre lo bueno y lo malo, lo que nos construye y lo que nos estanca.
Creo en la música y en todo aquello que sale desde los sentimientos más sinceros. Creo que la familia es la base de todo y es lo que nos guía hacia ciertas decisiones y caminos en la vida. Creo que los amigos se escogen y están ahí para compartir los sueños. Hay que hacer lo que nos gusta, reír mucho y poner el dinero como una segunda o tercera prioridad.
Odio los días nublados, prefiero la playa, el sol y el agua. Creo en que los momentos en los que el tiempo es indiferente, que no cambiaríamos nada y no desearíamos estar en ningún otro lugar, son los momentos que hacen que valga la pena vivir. Hay que saber disfrutar las pequeñas cosas de la vida. Creo en que hay que aferrarnos firmemente a lo que creemos y defenderlo siempre, pero creo también en que siempre podemos llegar a creer en algo nuevo.
Nunca va a existir una verdad absoluta, cada quien es completamente único y tiene principios y valores completamente diferentes, sin embargo, hay que estar abiertos a aquello que no es igual a nosotros, para enriquecer nuestras verdades.
Al momento que decidimos aceptar la verdad de los otros, sin que tenga que ser igual a la nuestra, estamos permitiendo que exista una verdadera comunicación. Damos la oportunidad de que la subjetividad del otro se manifieste en su máxima expresión y podemos llegar a apreciar aquello que arde dentro de su cuerpo, sus historias, su visión, lo que alborota su mente, lo que eleva sus sentidos, lo que lo hace actuar de una u otra manera, lo que lo hacer ser como es.

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